De repente ya no eres tú, ya no eres la hermana, la amiga, la hija, la compañera... Ya te has convertido en la mamá de un bebé que, sin apenas haberlo visto un minuto, ya hace tiempo te robó el corazón para siempre.
La cabeza va a más revoluciones por minuto de lo que tu cerebro puede procesar. Te duelen los pechos, te duele la cicatriz, la cabeza... Pero lo que más duele es el miedo, el miedo a esa nueva vida de la que a partir de ahora eres “responsable”. Duele la incertidumbre de no saber si sabrás hacerlo medianamente bien, duele el no querer herir a nadie, aunque lo único que quieras en ese momento es estar sola, duele la responsabilidad, duele el dudar por todo, duele la duda de saber si sigue respirando, duele el abismo al que os habéis lanzado, duele...
Pero de repente, ella está ahí, sí justo a tu lado. No necesita ni ir a comer, incluso ese miedo que ella tiene (aunque lo sabe disimular perfectamente) le hace vomitar, porque solo quiere estar a tu lado, siendo el pilar fundamental que ha sido siempre. No necesita coger al bebé, aunque es lo que más desee en este mundo, porque solo quiere sujetarte a ti. Solo con mirarte, sabe lo que necesitas y ella te lo ofrece, sin ninguna presión. Te peina como a ti te gusta porque sabe que te relaja. Te dice con su mirada que todo irá bien y que tú podrás con todo. Deja todo atrás por estar a tu lado esos últimos días, esos en los que más miedo crees que tienes, esos en los que más tensa estás, aunque eso le acarree algún que otro gesto malhumorado. Se traga sus nervios y te acompaña en cada momento, pese al rollo que a otros les pueda parecer estar esperando largas horas a ver si algo surge efecto y por fin llega el bebé, ella está ahí haciendo que ese tiempo pase más rápido. Ella siempre está ahí y siempre tiene ojos para ti, la primera mirada siempre es para ti y siempre será así.
Puede que para todos ya hayas pasado a ser la mamá de... pero para ella siempre serás su hija.
Gracias mamá por estar siempre ahí, contra viento y marea. Gracias por ser mi apoyo incondicional. Gracias por todo lo que haces. El apoyo de papá hace que todo esto sea posible.
¡Sois mi ejemplo a seguir!
De mayor quiero ser... mi mamá.
viernes, 30 de agosto de 2019
jueves, 24 de enero de 2019
La prueba más importante de mi vida
La prueba más importante de mi vida estaba a punto de comenzar. Había tenido unos nueve meses para entrenarme, para preparar mi cuerpo física y mentalmente. Y sin casi darme cuenta había llegado a la recta final. Los últimos detalles estaban prácticamente controlados, tenía una visión perfecta de cómo sería el gran día. Además, había llegado muy fuerte, ansiosa de que llegara el día y con una energía desbordante, pese al largo período de entrenamiento y a los cambios, más que visibles, en mi cuerpo.
Tenía cada minuto visualizado, sabía qué debía hacer en cada momento. Había practicado mucho. Sabía cómo tenía que ser la respiración en cada fase. Todo ensayado. Conocía también, al dedillo, cómo debía empujar en la recta final, aunque las fuerzas ya escaseasen. Tras leer mucho sobre este tipo de prueba, me había decantado finalmente por los métodos más naturales y respetuosos, pues sabía que eso iba a repercutir en el resultado final y en cómo todo iba a evolucionar después. Tan convencida estaba con la idea de escuchar a mi cuerpo y dejar que la naturaleza actuase por si sola, que me aferraba ciegamente a la idea de no tomar ninguna ayuda que me aliviase el dolor durante el tramo final, pues prefería que la naturaleza hiciese su aparición.
Cada paso, cada respiración, cada empujón, cada palabra y abrazo de apoyo durante la prueba... todo estaba en mi cabeza. Como si de un examen final se tratase, todo lo tenía estudiado y controlado. Bueno todo, no. Crees que tienes todo controlado, que has practicado, ensayado, visualizado cada paso para sacar un 10. Sin embargo, hay muchos otros factores que influyen en todos y cada uno de los eventos en los que tomamos parte. Así que, esta prueba tan especial no iba a ser menos.
Desafortunadamente la prueba, por motivos externos, se retrasó una semana y cuatro días. Pero eso no era ningún impedimento, seguía pensando y siendo fiel a mi entrenamiento. Sabía que lo conseguiría, que sería un gran triunfo. Pero, llegado el día, hubo más complicaciones, todas ellas ajenas a mí. Pequeños obstáculos, que por mucho que me había preparado, no podía hacer nada por salvarlos. Solamente colaborar en lo que me iban indicando para que lo pudiese conseguir.
Al final, las cosas se torcieron, podríamos asemejarlo a una lesión. En la recta final, ya no iba a poder dar esos empujones, me debía retirar de la prueba, ya no podía hacer más. Mi participación había concluído.
La pena, la rabia, la tristeza... las lágrimas me invadieron. No era justo. Me había preparado durante nueve meses, había seguido todos los consejos, todas las indicaciones. Mi cuerpo estaba fuerte, no había dejado de asistir ni un solo día al entrenamiento. Mi mente era fuerte también. Pero no importaban mis súplicas por seguir intentándolo. En este momento yo, ya no importaba.
Así que, aunque aún cuando lo pienso me duele y me parece injusto, e incluso pienso que a lo mejor, al lado de mi entrenador las cosas hubiesen sido diferentes, en esta gran prueba, la más importante de mi vida, no pude llegar a la meta. Pero no me importa en absoluto, porque la meta llegó a mí. Llegó en forma de ratoncillo de algo más de 3 kilos, muy blanquito y ya muy independiente. Ese ratoncillo que me robó el corazón hace ya unos cuantos meses sin que yo me pudiese dar cuenta y no pudiese hacer nada por evitarlo. Un ratoncillo al que amo con locura y que da luz a nuestras vidas.
Ojalá que mami hubiese podido llegar al final, empujar y hacer que vieras la luz.
No importa cuánto visualices las cosas y cuán grandes sean los deseos porque algo suceda de alguna manera en concreto. Hay veces que, por mucho que queramos, las cosas se escapan de nuetro control.
Sin embargo, doy las gracias infinitamente porque cada una de las conexiones se hayan hecho correctamente, porque estés con nosotros y nos hagas ver la vida de forma diferente. Simplemente, doy gracias porque tú, seas tú.
Suddenly, I’m in love with a stranger!!!
Tenía cada minuto visualizado, sabía qué debía hacer en cada momento. Había practicado mucho. Sabía cómo tenía que ser la respiración en cada fase. Todo ensayado. Conocía también, al dedillo, cómo debía empujar en la recta final, aunque las fuerzas ya escaseasen. Tras leer mucho sobre este tipo de prueba, me había decantado finalmente por los métodos más naturales y respetuosos, pues sabía que eso iba a repercutir en el resultado final y en cómo todo iba a evolucionar después. Tan convencida estaba con la idea de escuchar a mi cuerpo y dejar que la naturaleza actuase por si sola, que me aferraba ciegamente a la idea de no tomar ninguna ayuda que me aliviase el dolor durante el tramo final, pues prefería que la naturaleza hiciese su aparición.
Cada paso, cada respiración, cada empujón, cada palabra y abrazo de apoyo durante la prueba... todo estaba en mi cabeza. Como si de un examen final se tratase, todo lo tenía estudiado y controlado. Bueno todo, no. Crees que tienes todo controlado, que has practicado, ensayado, visualizado cada paso para sacar un 10. Sin embargo, hay muchos otros factores que influyen en todos y cada uno de los eventos en los que tomamos parte. Así que, esta prueba tan especial no iba a ser menos.
Desafortunadamente la prueba, por motivos externos, se retrasó una semana y cuatro días. Pero eso no era ningún impedimento, seguía pensando y siendo fiel a mi entrenamiento. Sabía que lo conseguiría, que sería un gran triunfo. Pero, llegado el día, hubo más complicaciones, todas ellas ajenas a mí. Pequeños obstáculos, que por mucho que me había preparado, no podía hacer nada por salvarlos. Solamente colaborar en lo que me iban indicando para que lo pudiese conseguir.
Al final, las cosas se torcieron, podríamos asemejarlo a una lesión. En la recta final, ya no iba a poder dar esos empujones, me debía retirar de la prueba, ya no podía hacer más. Mi participación había concluído.
La pena, la rabia, la tristeza... las lágrimas me invadieron. No era justo. Me había preparado durante nueve meses, había seguido todos los consejos, todas las indicaciones. Mi cuerpo estaba fuerte, no había dejado de asistir ni un solo día al entrenamiento. Mi mente era fuerte también. Pero no importaban mis súplicas por seguir intentándolo. En este momento yo, ya no importaba.
Así que, aunque aún cuando lo pienso me duele y me parece injusto, e incluso pienso que a lo mejor, al lado de mi entrenador las cosas hubiesen sido diferentes, en esta gran prueba, la más importante de mi vida, no pude llegar a la meta. Pero no me importa en absoluto, porque la meta llegó a mí. Llegó en forma de ratoncillo de algo más de 3 kilos, muy blanquito y ya muy independiente. Ese ratoncillo que me robó el corazón hace ya unos cuantos meses sin que yo me pudiese dar cuenta y no pudiese hacer nada por evitarlo. Un ratoncillo al que amo con locura y que da luz a nuestras vidas.
Ojalá que mami hubiese podido llegar al final, empujar y hacer que vieras la luz.
No importa cuánto visualices las cosas y cuán grandes sean los deseos porque algo suceda de alguna manera en concreto. Hay veces que, por mucho que queramos, las cosas se escapan de nuetro control.
Sin embargo, doy las gracias infinitamente porque cada una de las conexiones se hayan hecho correctamente, porque estés con nosotros y nos hagas ver la vida de forma diferente. Simplemente, doy gracias porque tú, seas tú.
Suddenly, I’m in love with a stranger!!!
miércoles, 8 de noviembre de 2017
Los Vidis, esa pareja tan especial
Hoy hemos venido a celebrar la vida, y
¿qué es la vida sin amor? Esa palabra tan difícil de definir y casi imposible
de explicar. Pero que, basta con pasar unos segundos a vuestro lado para
entender a la perfección todo su sentido. Respeto, apoyo incondicional,
admiración, delicadeza, entrega, fuerza, pasión es lo que reflejan vuestros
ojos.
Hace muchos años (hace tantos que ya casi ni me acuerdo. Bueno me río yo de alguna cuando erre que erre negaba que ella “no estaba detrás de Dani”, ja me río yo ahora. Pues mira dónde hemos acabado). Como decíamos, hace muchos años que lleváis transmitiendo ese amor, pero hoy ya es legal, hoy celebráis la vida y ese amor incondicional con todas las personas, y animales también, que son importantes en vuestras vidas, podamos o no estar hoy físicamente presentes.
Hoy ya es oficial, hoy soy yo la que puede decir que ¡ya tengo un hermano!
Dani, ¿qué puedo decir de ti, campeón? Bueno, mejor dicho, qué no puedo decir de ti. Llevas siendo parte de esta familia ya mucho, mucho tiempo. Una familia que se siente muy afortunada por tenerte como uno más. Una familia que se siente muy orgullosa de ti, de tu fuerza y lucha constante. Una familia que siempre estará agradecida por todo lo que significas y haces por ella.
Gracias Dani por
mostrarnos un rayo de luz en el camino, cuando nosotros éramos incapaces de verlo
con claridad. Gracias Dani por tu saber estar, tranquilidad y por hacer
cualquier cosa por nosotros, incluso a veces por encima de tu propio bienestar.
Gracias por estar siempre ahí, gracias por tu sonrisa tímida, tu calma, tu
amistad, tu amabilidad, tu siempre buena voluntad, por tu picardía también, y
por habernos metido a todos, a saco, en el mundo de la bici. Personalmente, te
doy gracias por haber estado a mi lado en los momentos más difíciles, por
haberme enseñado que las cosas siempre vuelven a su orden. Muchas gracias,
quintito.
Pero, sobre
todo, sobre todo, gracias hasta el infinito por siempre cumplir tu promesa de
cuidar a nuestra hermana, por preocuparte por ella, darle tranquilidad y
mostrarle siempre el lado fácil de las cosas. ¡¡¡Gracias con el corazón en la
mano por hacerle inmensamente feliz!!!!
Y nuestra
hermanita querida, nuestra chiquita (siempre serás nuestra chiquita por muchos
años que pasen). Simplemente decirte que las dos estamos enormemente orgullosas
de quién eres, de cómo eres y de todo lo que significas para nosotras. Mírate,
con permiso de todas las aquí presentes y que nos disculpen, pero nuestra
hermana es la novia más guapa y radiante que jamás haya pisado este altar. Rosi
siempre tan ideal, tan pizpireta, tan coqueta, tan generosa, tan bondadosa, tan
amable, tan leal, tan… tan especial, que brillas con luz propia, y por allá por
donde pasas dejas una huella imposible de borrar.
Gracias a ti
también por iluminar todos nuestros días, y ser uno de nuestros apoyos más
importantes. Gracias por hacernos sentir siempre muy especiales, amados, admirados
y valorados. Eres la chispa de nuestras vidas, nuestro mejor tesoro sin duda
alguna, con tu siempre buena predisposición y fuerza para hacer que los sueños
de todos se puedan hacer realidad. Gracias por siempre cuidar de nuestra
familia, y luchar por ella por encima de cualquier cosa. Y millones de gracias
también por todo lo que haces por la familia que ya creasteis hace tiempo Dani
y tú. Esa luchadora nata, que muestra apoyo y admiración a su Vidi, no día a
día, sino segundo a segundo. Gracias por cuidarle, mimarle, apoyarle,
admirarle, valorarle y amarle de la manera que solamente tú sabes hacerlo.
Sois una pareja
muy especial, muy fácil de querer e imposible de olvidar. Sois un gran ejemplo
a seguir y a admirar. Sois… Los Vidis, esos que han calado hondo en el corazón
de todos los aquí presentes.
Os deseamos toda
la felicidad del Universo, que sigáis brillando juntos con esa energía que os
caracteriza, y que sigáis celebrando la vida y el amor, un día sí, y otro
también. Así que ya sólo nos queda decir: ¡Viva la vida! ¡Viva el amor! Y sobre
todo, ¡VIVAN LOS VIDIS!
Siempre 3, siempre mujercitas.
Con mucho
cariño: Isa y Ludi
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